La lágrima y la luna llena
Autor : Paco Martin Fecha publicación : Octubre 24, 2008
Categoría : Paco escribe
Hace, hace unas horas que no deben de ser muchas, porque parece que estoy en ellas todavía… En este rincón, mas parecido a un monasterio que una verbena dormitaba. Antes en el corazón de la madrugada, mis ojos desnudos de las gafas contemplaban a la luna. En el arrullo de su luz, con el cansancio de una jornada deplorable al final acabé cerrando. Parecía como si los hijos del reflejo lunar hubieran estado cantando esos sueños que la mayoría me los quedo para mi.
Ayer no fue una de esas jornadas memorables, y el transcurso de la congoja me repetía a mi mismo la cantinela. Las gentes no se hacen o rehacen en otra cosas que no sean los tiempos de dureza. Esos que te sientes acribillado, por lo que uno entiende y puede no ser así, de esa manera injusta o como mínimo incomprendida. Recordaba entre segundos, para pensar en otra cosa aquella semana en la cual mi amigo Guillermo me puso en el blog refiriéndose a mi “soñador de guardia”. Puede haber colegas con ese calificativo, pero el genuino, el denominador de origen me lo acuño.
En la vida hay cosas que te llegan de visita, que saludas y se van, otras en cambio forman parte de ti y hasta otras acaban de ser tangibles cuando tu empiezas a ser el desayuno de quienes te comen para volverte putrefacto. Sabía, o me di cuenta de llevar ese galardón conmigo no iba a ser fácil. Lo acepté como reto, intento llevar el calificativo con dignidad pero maldigo momentáneamente en los momentos de debilidad poder ser otra cosa. Al abrir la puerta esta mañana Naolin, mi gato estaba en su ladera. Admiro la lealtad de los animales es distinta a otras. Yo por ejemplo soy leal con los cigarros “Habanos” de tabacalera, o los cafés con dos sobres de azúcar de urgencias. Sin embargo en esa otra dimensión, acepto el suicidio consciente que me supone su consumo. Y sin embargo no creo que me pueda morir de ninguna manera llevándome bien con mis gatos.
Con esto de la crisis, uno tiene la percepción de ser testigo de un mundo a punto del desmoronamiento. En eso el que mas y el que menos atesora experiencia. Muchas veces sabemos que lo de nuestro alrededor se derrumba, de alguna manera nos afecta. La gente próxima a la lírica les pone una de esas melodías inventadas suministradas de acordes de violines azotando el rostro. Lo mas prácticos lo primero en irse es llevarse las manos a los bolsillos. Es nuestra diversidad humana, y dentro del numero en la especie, el repertorio de lo que realmente nos diferencia como son nuestros puntos de vista. Puede ser que estemos atravesando un momento en el cual en esta parte del mundo ciertos privilegios tengamos que rescindir de ellos. Machacaba en lo que somos capaces de renunciar, para atender lo que se nos ofrece. Los grupos humanos están acostumbrados a unas realidades abyectas en principios. En creer que es de forma natural lo que tiene raíces en unas diferencias del reparto de la riqueza impuestas.
Alguien dijo una vez….
“todo es un momento, se llega a ese instante después de haber viajado a lomos de tu pasado anterior, y justo cuando te instala lo siguiente te vuelve a llamar y lo abandonas”.
Si uno se empecina en hacer su labor y pides enseguida el juicio de como es no es una sorpresa. No tienes que buscar en los demás otra cosa que no beneficie a quien va destinado. El reconocimiento basado en el silencio, incluso en que no te llegue a ti satisface mas que el mejor de los halagos.
Ahora el Sol clama, su fuerza resplandece, pero aun en la mañana, todavía estoy en esa madrugada. Donde lloré un poco como el mar, para ser mas hombre,… mas soñador,…. mas motivo para escribirte esto a ti que te llega…. y quiero.
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